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domingo, 19 de abril de 2020

PANDEMIA UNIVERSAL E INTROSPECCIÓN NACIONAL

Pandemia universal

Que la humanidad en su conjunto está en una hora crítica no es un bulo. Que todos los gobiernos del mundo se enfrentan a una hecatombe económica nunca conocida salta a la vista. Millones de parados, millones de empresas en ruina, nos vaticinan días aciagos y de angustia generalizada de los pueblos al no ver salida y sentirse prisioneros de los acontecimientos que se suceden sin descanso. No tenemos respiro.

La cuarentena nos tiene encerrados en casa a miles de millones de personas en todos los continentes del orbe habitado. Tratando de encontrar sentido a nuestras vidas y al momento presente. La pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿Qué clase de personas saldrán de esta crisis sanitaria? ¿Qué de bueno tendrán las lecciones del coronavirus después de su horrible presencia? ¿Qué ganancias sacaremos de tan enormes e inauditas pérdidas?

No puedo saber las reacciones ajenas que tendrán los demás ni tampoco meterme en sus cabezas para saber cuáles son sus pensamientos dominantes. Lo que tengo claro es que hay ideologías que no tendrán una nueva visión. Seguirán aferradas a rencores y odios prehistóricos, no solo no aprenderán nada, sino que se extremarán sus enconamientos sociales. Hay quiénes negocian con la pandemia y el mal que nos sucede resulta en sus beneficios. Sean para imponerle al mundo su hoja de ruta o para acaparar un poder inmenso que nos mantenga de rodillas a todo el planeta sumisos a sus designios. Convertido en un campo de concentración global. Aceptando, sin opinión propia, la opinión de nuestros opresores. 

Un mundo enfermo del coronaodio

Dicho esto les diré el efecto que está teniendo en mí la pandemia. En una sociedad megalómana como la actual, donde la glorificación personal y la acumulación de riquezas es el signo de nuestros tiempos, sin pensar en los demás y con absoluto desprecio por el prójimo, esta pandemia me reafirma en mis convicciones y principios morales. Los que me han guiado hasta hoy. Y a los que nunca podré renunciar. Siendo un adolescente pude darme cuenta de cuán importantes son los demás. Llegando a la conclusión de que si no fuéramos tantos seríamos verdaderamente tontos. La riqueza de una nación no está en sus reservas de oro.. ¡es en las reservas de sus gentes ahí está su riqueza!.. ¿Acaso no lo estamos viendo en esta horrenda pandemia? ¿Quién es ahora el que quiere estar solo, y ver las ciudades vacías sin aglomeración de personas? ¿De qué nos puede servir tener todo el dinero del Banco de España, las más fantásticas casas o palacios, el orgullo de una fama, sin compañía humana? ¿De qué sirve todo eso si no hay nadie si nos hemos quedado solos? 


Este es el oro de las naciones. 

En esta hora amarga, aprendamos que somos gregarios que nada merece la pena si falta nuestro semejante. Que uno puede tener mucho y ser el número uno en reconocimientos por su talento y su posición, pero necesita que otro le haga la ropa, le limpie la casa, le recoja la basura, le lleve el correo, le conecte a internet, le fabrique un lápiz, le arregle un grifo, le ponga a su disposición todo lo que él necesita para vivir y tener la existencia que tiene. El covid-19 nos enseña que somos una cadena humana de eslabones y que ninguno es una cadena si faltan algunos de ellos. Esta es la gran lección que nos enseña con hondo dolor y sufrimiento la pandemia si es que queremos aprenderla. El valor que tiene cada ser humano para nuestra efímera y triste existencia. Y si queremos verlo somos un gran jardín de infancia.

Esta es la introspección que hago y la que como nación deseo que hagamos por el bien de España y del mundo. Tras el coronavirus que la pandemia del amor arrase entre los españoles que se propague hasta los confines de la Tierra. No tendremos otra oportunidad. De hecho es la última para redimirnos individual y colectivamente. Será una pandemia de amor universal o nosotros dejaremos de ser. Nos amenaza el hambre, la pobreza extrema y la guerra. Si no lo comprendemos este mundo injusto, egoísta y cruel, tendrá un fin trágico. La Tierra podría desaparecer, instantáneamente, absorbida por la nada si se desata la locura del odio, y girar vacía y sin vida como tantos planetas lo hacen en las profundas soledades del espacio. Toda negra con sombras de muerte sin cielos azules. 

Un Nuevo Amanecer

miércoles, 15 de abril de 2020

PANDEMIA: ÁNGELES Y DEMONIOS EN ESPAÑA



Se lo estáis haciendo a Él

 La pandemia del coronavirus acaece como una secuencia inverosímil de sucesos. Un mundo pasmado observa el desmoronamiento de la humanidad. Nadie estaba preparado para ver a las naciones convertidas en tanatorios en tiempos de paz en descomunales morgues con montañas de muertos víctimas prematuras de un patógeno invisible. Ni los fecundos raudales de las imaginaciones más preclaras corren tanto como la pandemia en su viaje meteórico por los continentes de la Tierra. Un escenario dantesco va dejando a su paso. Y no hay ciudadano de la aldea global que no sienta sobre sus talones la presencia siniestra del covid-19. A medida que van pasando los días vemos a las sociedades más extenuadas más y más golpeadas psicológicamente y con gran angustia ante el incierto porvenir. ¿Qué quedará en pie el día después del coronavirus?.. es la pregunta que nos hacemos todos. ¿Qué va a ser de todos aquellos en los que pase de largo la mortandad? Muy verdaderamente el futuro inmediato es inquietante. Pero esta pandemia no solo nos muestra la fatalidad de nuestro momento histórico y los errores colosales sobre los que se asienta la civilización actual. Una concepción del mundo que habiendo olvidado la Norma de la creación se ve amenazado de un fin trágico, por injusto, egoísta y cruel.

Plaga mundial

Sin embargo en esta hora crítica los ángeles y los santos están mostrándose al mundo obrando milagros, maravillas y prodigios. Salvando vidas, dando la mano al necesitado, socorriendo al rico y al menesteroso. Velando las 24 horas por todos. Son esas figuras que vemos todos los días en los hospitales, los supermercados, en el ejército, van en motos de tráfico, en camiones de bomberos, en coches de policía, transportan las mercancías por todas las carreteras de España como camioneros, están en los servicios de limpieza, en las furgonetas de reparto, en correos, lavanderías, en las empresas que producen todo lo que necesitamos, en los barcos de pesca, en los hombres del campo, en las granjas, en los comedores sociales, en internet, en las compañías telefónicas, en las funerarias y en tantos y tantos servicios menospreciados con sueldos precarios y recompensas de miseria que este escrito si los escribiera llenaría una enciclopedia. Ahí estamos viendo las caras de los ángeles y de los santos en cada nación. ¡Qué cerca los teníamos y nos los veíamos! El coronavirus nos los muestra todos los días. 

Ángeles de España

En cuanto a los demonios no los vemos porque se nos presentan como ángeles de luz. Son maestros del engaño con pieles de cordero pero lobos voraces. Es difícil verlos porque han obnubilado nuestra mente y han poseído ideológicamente todos nuestros pensamientos. Aunque por sus obras podemos reconocerlos. Y también por su narración novelada de caballería en el enfrentamiento con la pandemia. Ellos representan la razón de la sinrazón que a nuestra razón se hace. 



He querido que la primera foto de este escrito reflejara el amor más puro. Es la representación del Redentor del mundo.  Es una imagen superlativa de todos aquellos anónimos y desconocidos que están siendo los ángeles guardianes.  Pero también para decirles que un amor tan grande, tan desinteresado, tan excelso,  es como si se lo diéramos a Él.















sábado, 11 de abril de 2020

VOSOTROS, EL PUEBLO ESPAÑOL,SOIS MI GOBIERNO



Nuestros Héroes Exhaustos 

Nos faltan las palabras. La magnitud de la tragedia que vive el pueblo español nos enmudece de dolor. Pero por nosotros están hablando los muertos de la pandemia. Nos gritan las urnas de sus cenizas sale su voz de los ataúdes sepultados en los nichos de cementerios solitarios. Nos hablan desde las morgues de los palacios de hielo yacentes en sus féretros. ¿Y qué nos dicen esas bolsas mortuorias de españoles anónimos que vemos amontonadas en las salas y los pasillos de los hospitales del mundo entero? ¿Quién está oyendo la voz de los caídos por la vírica pandemia?

Confinado en mi cuarentena, aislado de la vida social, recluido para no contagiarme y no contagiar, mis horas pasan meditativas en contemplación de esas vidas que han terminado en un corto momento de nuestra pobre existencia humana. Vivo el presente a la espera de un mañana con la confianza de un porvenir luminoso para el pueblo español libre de las oscuridades de muerte que nos envuelven con su lóbrego sudario. En esta hora dramática aún me queda el placer moral de ver a miles de compatriotas que nos inspiran con su noble ejemplo de entrega haciendo grandes cosas en bien de España y de los españoles. En lucha heroica por salvar vidas sacrificándose a sí mismos en cooperación fraternal generosa y desinteresada. Ellos son el contraste ante las malas decisiones políticas y de gobierno. Ellos son los genuinos representantes de España. Ellos no inventan mentiras ni ocultan la verdad. Ellos se constituyen como la mejor defensa de los intereses sociales.
Vosotros, el pueblo español, sois mi Gobierno. Vosotros los que cobráis menos y trabajáis más asistiendo a los moribundos con bolsas de plástico a falta de EPIS, vosotros los que nos dais el pan cada día con ganancias penosas, vosotros que os lanzáis a viajar transportando las mercancías, todos vosotros que nos dais el producto de vuestro trabajo repartiéndolo allí donde hace falta reconociéndonos el derecho a vivir. Vosotros sois mi Gobierno. 


Ha dejado de representarnos esa clase política que es un grotesco exponente de nuestra nación. Que vive bajo un régimen de injusticias y privilegios escandalosos. Que ahogan las protestas indignadas de un pueblo atormentado y sufriente. Que sois una Asamblea Constituyente de caciques. Que ejercéis la profesión de esquilmadores de España. Y nos convertís en un país de mendigos con una miseria mal disimulada. Que dedicáis todas vuestras energías a destruir la sociedad. Y mientras todas nuestras necesidades disminuyen las vuestras no paran de aumentar sufragándolas con el erario público. Con gastos que nos arruinan. ¿Cuándo nos emanciparemos de vuestra tiranía y de sus atrocidades? ¿Cuándo dejaréis de ser para España una enfermedad crónica? ¿Cuándo dejaremos de ser una casa de locos?
¿Qué clase de gobernantes son aquellos que no tienen compasión ante las desdichas de sus pueblos? España no se merece un Gobierno que nos gobierne con las manías del pasado ni con odios inextinguibles que bate los unos contra los otros convirtiéndonos en encarnizados enemigos siendo que todos somos españoles y tenemos una misma nación que nos abraza por igual. Pero preferís ideologías anacrónicas, belicosas, que nos matan. Que nos llevan aceleradamente a una sociedad de Altamira y de cuevas rupestres. Esas monstruosas ideas de gobierno están resultando fatales de necesidad en la pandemia. La respuestas ministeriales y de gobierno no han podido ser más retardatarias ni fatales causando millones de contagiados de coronavirus y decenas de miles de fallecidos que nos han dejado en una cruel soledad. Llorados con besos voladores cual mariposas aleteando en las honras del difunto. 

Enterrados en soledad



El triste espectáculo político ha conseguido que los españoles nos tomemos en serio el trabajo de reflexionar. La cuarentena cambiará nuestras vidas inspirándolas con ideas generosas. Sin ambiciones de apoderarnos de lo del vecino como hacen los malos políticos apoderándose de la riqueza de la nación española. Y ya nada ni nadie torcerá nuestra orientación ni el curso común de nuestra historia. Desaparecerá el trastorno ideológico de nuestras cabezas. Ya no elegiremos a un pobre diablo de Presidente sino a un auténtico Padre de la Patria. Dejaremos de ser analfabetos políticos. 

Por todos los caídos en la pandemia. Por ellos repican las campanas de mi corazón. 

Dios bendiga a España


domingo, 22 de marzo de 2020

LAS NACIONES VAN DE ENTIERRO




Coronavirus es el nombre más temible del planeta. Su sola mención estremece continentes. Este demonio de la muerte es inmisericorde con la vida. Su monarquía es global. No hay soberbia humana que no caiga humillada a sus pies. Los más arrogantes de los hombres huyen despavoridos de su presencia. Ellos que se creían dioses han recordado súbitamente que son mortales con menos defensas ante el coronavirus que un simple gusano de tierra. No hay fortuna en el mundo que pueda comprarle un minuto de respiración a este implacable Rey no admite rescates ni sustitutos. Ha venido a arrebatarnos la vida. Nuestra especie le molesta sobre la faz de la Tierra y se goza en su reinado de muerte. Implorarle con lágrimas no sirve de nada no conoce la piedad. Él no es más que el reflejo del espejo humano. Nosotros somos su imagen. Una fotografía exacta de su impiedad un doble llamado coronahombre. Por eso las naciones vamos de entierro. 
Italia: En esos ataúdes hay millones de corazones

¿De dónde ha salido este monarca que pasea su majestad por el mundo entero? Dicen que de una región de China de la ciudad de Wuhan. Es la noticia que recorre todo el orbe el epicentro señalado por las autoridades sanitarias. Sí allí empezó oficialmente. ¿Será verdad lo que nos cuentan? ¿Es verdad lo que se sabe? Eso es algo que yo pongo en cuarentena. Antes del coronavirus reinaba la coronamentira. Una plaga que lleva milenios entre nosotros y que ha contagiado a los gobiernos donde hay una nación. La peor pestilencia que asola a la humanidad desde el principio de los siglos. La mentira es la Soberana de la Tierra y nunca nos hemos vacunado de ella. De hecho la mentira es la verdad oficialmente. Y lo estamos viendo en esta pandemia global con efectos más catastróficos que los del Covid-19. ¡La primera muerta ha sido la Verdad!

Si la insensatez política, financiera o empresarial sigue imperando, si la mentira sigue con su cetro de mando, detrás del coronavirus vendrán los pavores de la guerra con mísiles nucleares saliendo de sus silos. El hambre, la escasez y la destrucción biológica de las poblaciones será el escenario mundial. Nada semejante habrá contemplado el mundo desde su fundación. Estamos a tiempo de evitarlo si así lo quieren. El clamor global es que lo hagan. Escuchen la voz de sus pueblos. Cambien el inexorable curso que nos conduce a la resbaladiza pendiente de un odio sin freno al abismo sin fondo de la negrura sepulcral.

Existe una vacuna para el Covid-19 y la mentira. Un escudo protector a prueba de todo mal. Un arma invencible para las mayores glorias de la paz y de una gloriosa humanidad curada de todo espanto. Es un sentimiento y se llama AMOR. ¿Saben los gobiernos, el sistema financiero mundial lo que es? Seguro que han oído hablar de él. No está lejos en el espacio estelar o en una profunda falla del suelo terrestre para ir a buscarlo. Está en el corazón humano dentro de nuestro pecho. ¡Así de cerca lo tenemos! Es la hora del amor mundial. De ponerlo al servicio del hombre y de toda la creación que gime y suspira por su salvación. 

Amor Mundial

No, no es hora de acumular riquezas que los ladrones de antifaz o de corbata, nos pueden robar por la fuerza o por la astucia. Es hora de acumular amor la acción que cotiza en la Bolsa de los Cielos siempre al alza ante el Alto Trono del Elohim Viviente por cuya Voluntad todo existe. Que el dinero y el oro sean un refugio para todos no de unos pocos. Porque da igual lo mucho que tengamos de ellos si la muerte nos visita. Si el coronavirus nos posee mortalmente. Tenemos la excelsa oportunidad de entrar en acción grandiosamente. Nos la ofrece la Shemitá hebrea. El perdón de las deudas. Un perdón mundial de las deudas. Destinen los gobiernos del mundo sus tesoros a socorrer a las familias. Ingresen en sus cuentas un millón de euros y así salvarán todo el sistema financiero. Los bancos cobrarán todas sus deudas y habrá dinero en abundancia para gastar. Si por el contrario esta idea les parece ridícula e hilarante incluso surrealista sigan haciendo lo que han hecho hasta ahora destinándolo a unos pocos de sus correligionarios de ideas y de agenda mundial.

Los ricos también mueren. Los poderosos también son pastoreados por la muerte. Ante su visita nadie alarga un segundo de su vida ni tiene ella memoria de nuestras riquezas. Un hombre extraordinario nos lo recordó en una parábola hace veinte siglos se llamó Yeshúa. En esta hora de prueba para la humanidad y para cada uno de nosotros y por una imperiosa necesidad de mi cerebro escribo la parábola que salió de los labios de Yeshúa el Mesías:

“ Había un hombre rico, cuyas tierras le dieron una gran cosecha. Comenzó él a pensar dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, no tengo dónde encerrar tanta cosecha? Y dijo: Ya sé lo que voy a hacer; derribaré mis graneros y los haré más grandes, y almacenaré en ellos todos mis granos y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía tienes muchos vienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te van a reclamar la vida, y todo lo que has acumulado, ¿para quién será? Así será para el que atesora para sí y no se hace rico delante de Dios.” 


El capital no compra a la muerte
Esta es la parábola que nos enseña que, aunque tengamos mucho, la vida no está en la hacienda. Estamos en un momento crítico en la expansión del coronavirus. En un instante podemos estar contagiados y morir. Podemos ser uno de los contabilizados en la lista oficial de defunciones que todos los días nos da el Comité del Gobierno de España. El virus no distingue. Aparece de súbito dándonos la mala sorpresa.

¿Dónde está nuestro tesoro? Donde está nuestro corazón. ¿Dónde va a estar el corazón de los gobiernos del mundo? En el oro o en la humanidad. El primero no les salvará, el amor a cualquier ser humano sin diferencias de raza, sexo o lengua sí. Si algunos gobernantes escapan del virus guardando el oro para sí no escaparán de su pobreza ante Yehováh el Creador.

Salven a la humanidad con toda la riqueza de las naciones. Cambien el luto por la fiesta.

SHEMITÁ MUNDIAL
YESHÚA YOSHIA


jueves, 19 de marzo de 2020

S.O.S. HUMANIDAD

S.O.S. HUMANIDAD

Lo peor está por venir. Lo dicen los mismos que nos decían hace unas semanas entre risotadas que España estaba preparada y que habría escaso contagio. Que estábamos ante una leve gripe. La pesadilla de Wuhan, el escenario de horror en China, el aislamiento de 49 millones de personas y las muertes en serie del coronavirus, no alarmaron a nuestros gobernantes. El coronavirus se expande mundialmente sin control. Las bajas humanas se multiplican en todas las naciones y no hay rincón seguro para esconderse. La fiera que anda suelta, esa cosa microscópica que vive invisible a nuestros ojos, se agiganta por días se vuelve colosal en su avance inexorable. Tiembla la Tierra. Desmayan las poblaciones y cualquier acontecimiento histórico palidece ante el COVID-19. Los trastornos sociales abruman nuestras vidas. El miedo nos causa estrés nos aprisiona en sus cadenas. Cada uno lo vive a su manera.

Lo más irritante de esta pandemia global no es la indefensión en la que podemos vernos, ni la toma de conciencia de nuestra fragilidad humana, lo vulnerables que somos. No, lo más desesperante, la prueba más dura que confrontamos es la soberbia política la arrogancia de nuestros gobernantes mirando para otro lado de la plaga hasta que sus víctimas mortales se les han puesto delante acusándolos de indolentes y de no conocer la piedad. Muy verdaderamente el veneno ideológico abre los sepulcros que se llenan de inocentes. El drama se ceba con los débiles. 

El ejército español en batalla contra el coronavirus


Esta pandemia con tintes apocalípticos es la acusadora de la impiedad humana. Todo hombre o mujer con un mínimo de sensibilidad queda estremecido al contemplar la falta de escrúpulos morales de nuestros gobernantes. Ningún gesto de contrición ni una mueca de dolor trasmiten sus caras de piedra. En sus sermones oficiales y apariciones televisivas hilan palabras escritas cosen frases amañadas en un rosario de despropósitos. La parodia solidaria de sus fatuos discursos nos inspiran desprecio aborrecimiento ideológico por unos personajes y unos partidos políticos de miseria intelectual capaces de sacrificar una nación en interés de ellos. Ahora que ven peligrar gravemente sus tinglados económicos, su poder tambaleante, ahora, todos somos uno cuando tanto están trabajando por la destrucción de España. Hace dos meses éramos un Estado Plurinacional, una Nación de naciones, una República Federal de Estados Independientes. ¡De súbito España es “Una” y se alaba la unidad nacional en la guerra contra el coronavirus! Ahora que se derrumban hasta los cimientos fundacionales, y un seísmo económico de escala inaudita sacude los mercados bursátiles y los holding empresariales y el tejido productivo de toda empresa que respira, ahora nos dicen que somos uno. Que hombro con hombro tenemos el deber de luchar contra la pestilencia abominable que nos viste de horrendo luto. España es un Niágara de lágrimas. 
S.O.S. ESPAÑA

¿Cuánto empeorará la pandemia y sus funestas consecuencias a nivel mundial? Nadie sabe. Cualquier conjetura choca contra la durísima realidad diaria. El coronavirus corre a galope tendido. Por delante de todo auxilio. Por delante de los ciegos políticos de sus hipócritas respuestas. Ellos irán empeorando de mal en peor no aprenderán nada la soberbia ideológica esparcirá su veneno mortal. Entramos en tiempos muy difíciles. Señales y signos claramente proféticos. Pueden reírse de ello como nuestros políticos se han reído del COVID-19. 



S.O.S. HUMANIDAD solamente quiere decirles  que declaren una Shemitá Mundial. Amparen a los débiles y tiendan la mano a los necesitados. Pongan todos los recursos humanos y económicos del mundo que son incalculables al servicio, ahora que están a tiempo, del prójimo sin diferencias de raza, color o lengua. Vienen días en los que el oro y la plata no tendrán valor. Serán como basura. Tengan amor, amor verdadero por sus semejantes. Glorifiquen la vida estén en guerra contra la muerte. Salven a la humanidad. Socorran, socorran, socorran.. 



Yehováh esté con el mundo

Shalom

martes, 17 de marzo de 2020

EL ORO DE LAS NACIONES



¿Cuál es el oro de las naciones?

¿De qué servirá la reserva de oro de los Bancos Centrales y de las Bolsas del mundo si se pierden los seres humanos? Esta es la hora y ahora es de la máxima cotización para cualquier viva humana para que el luto de los pueblos se convierta en cantos de fiesta. Es hora de que toda carne cotice al alza por encima de los metales preciosos que su cotización sea superior a los valiosos diamantes y a las joyas de cualquier corona. La riqueza de las naciones no depende de la impresión de sus monedas o de sus grandes reservas de oro. Su fortuna está en la vida de sus pueblos. En la fecundidad y proliferación de sus gentes en su multiplicación. ¡Ése es el verdadero oro de las naciones!

Vivimos un momento de prueba global. La pandemia del coronavirus nos llena de miedo en su viaje por todos los países de la Tierra. Su paso por los Continentes nos cubre con un negro sudario de muerte. Nos quedamos sin ancianos y la juventud del mundo confronta una grave amenaza. La alarma está instalada en los enfermos crónicos en los que sufren patologías delicadas. Sí, millones de personas viven en un.. ¡ay!.. diario. Millones de padres sufren la pandemia del miedo pensando en proteger a sus hijos. La expansión del coronavirus nos aísla en una cuarentena hogareña o nacional. Las fronteras se cierran la actividad comercial se paraliza el mundo de los negocios es sacudido como por un terremoto. El grito de angustia traspasa los territorios. ¿Acaso esta plaga viral es más fuerte que la inteligencia de los hombres y todos sus avances tecnológicos y sanitarios?

Luchando juntos contra la plaga mortífera

No lo será si el COVID-19 no pasa de los pulmones. Será una pestilencia de calamidades humanas de consecuencias inimaginables .. ¡si infecta nuestros corazones!.. Si destruye nuestros más nobles sentimientos. Si la capacidad de amar es erradicada del corazón de cada uno de nosotros. Si nuestro instinto de conservación y de supervivencia se vuelve personal y no colectivo. Ninguna vacuna tiene la capacidad de inmunizarnos como el amor al prójimo sin distinción de sexo, edad o comunidad tribal. El amor es la energía más formidable para aislarnos a todos del coronavirus.. ¡porque nos hace a todos uno!.. Y cuando uno es todos y todos somos uno no hay valle tenebroso que crucemos ni montañas sombrías que nos impidan llegar a nuestro destino. Nosotros somos el oro del mundo más puro que el oro más refinado. Sin oro metálico podemos vivir sin personas que produzcan el pan no. Sin el ser humano el oro es un montón de basura que ni vale de estiércol.

Los gobiernos mundiales están en una encrucijada y han de elegir entre dos caminos: Vida o Muerte. Elijan la Vida. Si no lo hacen un mundo injusto, egoísta y cruel, avanzará a un fin trágico. El planeta Tierra podría desaparecer instantáneamente girando vacío y sin vida absorbido por la nada como tantos planetas lo hacen en las profundas soledades del espacio. Si no protegen a la humanidad como al oro más puro los estragos y calamidades del coronavirus nos parecerán una delicia con todo el padecimiento humano que ya soportamos. El colapso económico nos llevará a las guerras y las naciones se levantarán unas contra otras. Se generalizará la carestía y el hambre la acompañará. El odio no tendrá freno y misiles termonucleares abandonarán sus silos cruzando continentes. Una ideología totalitaria tomará el poder mundial. 

Salvemos a la humanidad

Españoles salgamos victoriosos del coronavirus. Erradiquémoslo de España con esa acometividad española propia de los espíritus más nobles amando a nuestro prójimo. Si un dedo del pie nos duele todo nuestro organismo sufre. Una nación es un cuerpo un organismo de gentes de individuos y cuando unos sufren la nación entera sufre. Estamos a tiempo de honrar a los que mueren. No lloremos. Entremos en acción con todos nuestros recursos y un amor sin límites. No temamos morir. Más bien temamos que otros mueran por un comportamiento nuestro irresponsable, indiferente y sin amor por el prójimo.
Dios bendiga al pueblo español 



Amor por España y los españoles