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martes, 31 de marzo de 2026

Síndone de Turín: Nuestra Pascua ( Parte 2)


                                                     





    Para los hombres y mujeres de fe el Santo Sudario de Turín no es un ídolo de adoración. La fe viva no depende de un Lienzo Sagrado. Sin embargo, la fascinación que ejerce en millones de personas nace precisamente de esa misma fe. La fe viene antes de la Síndone. Está aferrada a los relatos de las Escrituras que cuentan la vida y las señales de Yeshua en la Galilea de las naciones, en el periodo del Segundo Templo.

    De tal manera amó Dios al mundo que el Verbo se hizo carne, como le fue dicho al prominente fariseo Nicodemo cuando fue a verlo de noche. Tras los sucesos del Gólgota, Nicodemo y José de Arimatea, miembros del Sanedrín ambos, bajaron de la cruz el cuerpo muerto de Yeshua y lo sepultaron según la costumbre judía. José puso el lienzo mortuorio; Nicodemo, una mezcla de especias aromáticas de mirra y aloe. El entierro fue a toda prisa por causa del día de preparación para la Pascua.En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo en el cual todavía no habían sepultado a nadie. Allí pusieron a Yeshua, hicieron rodar la piedra de la entrada y se fueron. ( Jn 19 : 38-41)

    Ese huerto ha cambiado la historia de la humanidad indefinidamente. Tres días después, al despuntar la aurora, la tumba estaba vacía. Solamente quedaron el lienzo de lino y las vendas que envolvieron el difunto.Ahí inició su periplo internacional la Síndone, que hoy se conserva en la Catedral Metropolitana de San Juan Bautista de Turín, tras muchas vicisitudes y cambios de fronteras, con su origen en Jerusalén. La conmoción inicial tras ver la tumba vacía —de los discípulos, de la guardia y de los principales sacerdotes y fariseos— desencadenó un terremoto social que nos sigue haciendo temblar hasta hoy. Como dijo el apóstol Pablo: " Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria. Esta sabiduría ninguno de los gobernantes de este siglo ha entendido, porque si la hubieran entendido no habrían crucificado al Señor de gloria.” (1 Corintios 2:6-8) 
                 
                                                                
Jerusalén, origen del Lienzo Sagrado 


Y en esas estamos en el mundo contemporáneo. Los cimientos sociales siguen temblando tras el terremoto del Resucitado. También en el siglo XXI los gobernantes, en la mayoría de las naciones, siguen sin entender la sabiduría oculta de Dios en el misterio del Mesías ya revelado.Incluso revelado, sigue siendo un misterio —o un cuento judío— para espíritus fáciles de embaucar. Ni siquiera Israel entendió plenamente el papel del Mesías sufriente, aunque eran los más preparados para hacerlo. Un velo cubre las Escrituras a propósito. De las sombras de la Biblia sale la luz del mundo estampada en el lino mortuorio de Jerusalén, actualmente en Turín. 

¿Por qué ha llegado a nuestros días? Porque es el Besorat Olam del Cordero. Él sigue en ese lino de elaborada filigrana dando testimonio a un mundo descreído. Es el Evangelio que escribió el muerto que resucitó al tercer día, así como estaba escrito en los profetas. Esa imagen oscura de las fotografías es toda luz. Ese cuerpo herido con escarnio, flagelado entre risas y burlas, atravesado por clavos, escupido y amoratado, son los pecados del mundo perdonados. Esa sangre que vemos en la Síndone, y toda la que se derramó en su tormento, cada gota de ella, cada suspiro de dolor arrancado a golpes, son nuestras culpas clavadas en la cruz. El varón de dolores de Isaías, el Profeta mayor que Moisés, el anunciado por los evangelios y las cartas de los apóstoles, está ante los ojos que lo contemplan en la Síndone de Turín. Ese rostro de serenidad inexplicable tras sus padecimientos que vemos en el pálido lino es el trabajo de salvar a la humanidad consumado a la perfección. Esa verdad está en marcha y nada ni nadie la detendrá. Volvemos al Edén perdido. Los mansos lo heredarán.

                                                           


Cuando vuelvan a mirar la Sábana Santa, vean la fotografía de la resurrección. Sin la energía irradiante que despertó de la muerte a la vida al Mesías, no existiría. Si existe, es por otro misterio que hoy, como en su día cuando estuvo en la Tierra, millones no conocerán por la dureza de su corazón y la necedad de su sabiduría.Yo la miro y veo con los ojos de la fe nuestra Pascua. La liberación de la humanidad tras las trompetas, las plagas y las copas de la ira. Esa libertad está garantizada: una muchedumbre incontable de todas las naciones, escrito está en Revelación, serán los redimidos que clamarán a gran voz con palmas en sus manos:  “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero". 

                                                           







Sí el mismo Cordero del Lienzo de Turín: Nuestra Pascua 



¡ Vienen los tiempos del Cordero! 
¡Único tiempo verdadero! 

Shemá humanidad 

domingo, 29 de marzo de 2026

Síndone de Turín: Nuestra Pascua (Parte 1)

 

Síndone de Turín

   ¿Qué ven las personas cuando miran la Síndone de Turín?   Depende de los ojos con que se mira. Para quien tiene fe en los relatos de las Escrituras, es historia hecha imagen. Para el escéptico o el ateo, es un hábil engaño medieval que ni siquiera la ciencia actual consigue duplicar. Otros la contemplan burlescamente aprovechando para arremeter contra la fe cristiana llamándola reliquia vana. Y no faltan quienes la ven solo como un negocio: mercaderes y cambistas modernos que convierten lo sagrado en fuente de lucro, tal como ocurrió en el Templo de Yerushalayim en tiempos de Yeshua. 

    Yo soy un hombre de fe. Y lo que veo en esa tela es claro: el Evangelio del Cordero escrito con su sangre y sus heridas. Era yo un joven adolescente cuando vi por primera vez la imagen de la Síndone. Nada más contemplarla, una presencia de gran majestad me sobrecogió.Con lágrimas de la emoción exclamé : ¡Sí, es Él! En aquel Lienzo reconocí instantáneamente al que Moisés y los profetas anunciaron, al que caminó entre sus hermanos judíos, al que sus discípulos vieron y tocaron, al que fue vilipendiado, calumniado y condenado a muerte por crucifixión con espantosa crueldad las autoridades religiosas de Yerushalayim -especialmente el Sanedrín- después de la resurrección de Lázaro. Allí, impresa por una radiación desconocida, estaba la pálida figura del Mesías. 

   El 28 de mayo de 1898. Secondo Pia fotografió la Sábana Santa. Al revelar los negativos apareció lo que durante casi dos mil años nadie había visto: una imagen perfecta del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. El hombre en quien el Elohim Viviente tiene todas sus complacencias. 


Secondo Pia, primer fotografo de la Síndone

   Nada en este mundo me hará abdicar de esa certeza: la Síndone de Turín es la representación del Resucitado. Es nuestra Pascua. No es solamente la Pascua judía que conmemora la libertad de Egipto y la protección de los primogénitos por la sangre del cordero. Es la realidad definitiva. Yeshua es el Cordero sacrificado por la libertad de toda la humanidad, sin acepción de razas o linajes. Escribió el Evangelio con su tormento, con la copiosa sangre de sus clavos y su flagelación y con su muerte cruel. Y lo más maravilloso: lo escribió con su resurrección. De no haber resucitado como anunció, no existiria la Sábana Santa. Su origen es de Israel, y en ella contemplamos la imagen que se formó. 

   Por eso declaro sin complejos: la Síndone de Turín es nuestra Pascua. Porque el testimonio de Yeshua es el espíritu de la profecía. (Revelación 19:10 ) Es el Besorat Olam anunciado desde la expulsión del Edén hasta la restauración final que describe el libro de Revelación. 
                                    
Rostro de la Síndone reconstruido por Manuel Miñarro catedrático de bellas artes

   El Cordero de Dios está hoy en la presencia del Padre con su sangre derramada en favor de toda la humanidad y a punto de abrir los sellos. La Síndone ha sido preservada hasta nuestros días para que todos reciban su testimonio a través de la ciencia. Precisamente en este tiempo de guerras e rumores de guerras, de señales proféticas raudas en cumplimiento, la Sábana Santa habla con máxima actualidad y más fuerte lo hará con el desarrollo de acontecimientos. 
    Es el más excelso símbolo de paz: el Rey de la paz dejándose morir por amor. Pronto volverá para convertir las espadas en arados y hacer de la Tierra el Edén que siempre tuvo que ser. El Reino de Dios viene sin retraso horario. 
                                           
Síndone de Turín, anuncio del Cordero sacrificado. 


   ¡Llegan los tiempos del Cordero!
   ¡El único tiempo verdadero!

     Shemá humanidad.


                                          

jueves, 12 de marzo de 2026

Guerras e rumores de guerras, aún no es el fin.

                                                                    





Antes del 14 de febrero de 1990 nadie había visto nunca, en ninguna de las generaciones pasadas,  la esfera azulada que es la habitación de los hijos de los hombres e de la vida natural en todas sus formas según sus géneros. Carl Sagan, que tanto nos enseñó sobre el Cosmos,  hizo de aquella fotografía de un punto azul pálido una de las reflexiones más profundas sobre la pequeñez de la humanidad en el universo, una fina capa de polvo sobre la superficie de ese pixel de luz pálida llamado planeta Tierra, imperceptible desde el espacio. No se nos ve igual que si no existiéramos. Aún así, la altivez humana, desafía con su animalidad prehistórica, la frágil "Norma de la Creación" destruyendo la vida  de las especies e la que más destruye desaforadamente es la de su mismo género e lo hace por delirios de poder e grandeza efímeros.         
                         


Desde que el mundo es mundo el triste e cruel espectáculo de la guerra es el que escribe la historia con mares de sangre. La espada es el eje sobre el que giramos, nuestro centro de gravedad, que nos atrae a la muerte sin consideraciones de sexo ni edad. Derramar sangre es un concepto revolucionario para unos, progreso e ciencia para otros. El siglo XXI  nos la ofrece igual que un videojuego haciendo de la razón de la sinrazón nuestra razón de ser, sin una protesta, normalizando el horror. Así durante milenios marchamos a remolque del carro de la guerra batalla tras batalla, vertiendo torrentes de sangre por causas e intereses de los gobernantes pero nunca de sus pueblos. La fuerza se diviniza como origen de todo derecho, consagrarse a la guerra para algunas ideologías políticas o religiosas es lo más parecido a un estado de perfección, el culto al exterminio se considera un regalo de Dios, "mátalos a todos" es el mandamiento más obedecido por las leyes de la barbarie. Agora mismo, en este punto azul pálido, las guerras e rumores de guerras, nos aturden con sus gritos de belicosidad salvaje, llamando a la escalada de los conflictos bélicos. 

¿Quién representa hoy el derecho a la vida tanto para el débil como el fuerte? ¡Ni siquiera se respeta la vida en los vientres de las madres cada año millones de inocentes son abortados en la cruenta guerra contra el non nacido! La justicia ya non es señora del mundo, los adelantos materiales ya non son acompañados del progreso espiritual, sin el cual el desarrollo material o avances de la ciencia nos hacen caer en la justificación de la barbarie sabia. 
   
        


                 

Ante el panorama internacional con las tensiones crecientes, la militarización acelerada, la forja de las espadas en arados a toda prisa, la reflexión de Carl Sagan, es un grito a la paz e la convivencia civilizada. El que tenga ojos para ver que vea e reflexione. 👇 

"Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada «superestrella», cada «líder supremo», cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de un rincón de este pixel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Quizás no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido". 


Guerras e rumores de guerras, aún non es el fin. La Biblia habla a hombres como nosotros en este punto azul pálido con señales proféticas. Shemá humanidad