El orador subió al escenario ante una muchedumbre cargada de espectación. Todos los ojos estaban sobre él. De pronto cayó sobre los presentes una calma que no era de este mundo. Puesto en pie sin notas que mirar, comenzó a hablarles en tono grave y solemne:
"Este mundo injusto, egoísta y cruel , habiendo olvidado la Norma de la Creación, está amenazado de un fin trágico. El planeta Tierra pudiera desaparecer, instantáneamente, absorbido por la nada, girando vacío y sin vida, como tantos otros planetas lo hacen en las profundas soledades del Universo: errantes, oscuros, igual que montañas estériles de roca, polvo y metal. Maldito por el pecado de los hombres. La humanidad cabalga en su loco galopar militarista hacia su destrucción".
El orador pausó, visiblemente dolorido por lo que acababa de decir. Los oyentes captaron el drama y la absoluta certeza de lo enunciado. Taras unos segundos retomó la palabra:
"Este mundo injusto, egoísta y cruel , habiendo olvidado la Norma de la Creación, está amenazado de un fin trágico. El planeta Tierra pudiera desaparecer, instantáneamente, absorbido por la nada, girando vacío y sin vida, como tantos otros planetas lo hacen en las profundas soledades del Universo: errantes, oscuros, igual que montañas estériles de roca, polvo y metal. Maldito por el pecado de los hombres. La humanidad cabalga en su loco galopar militarista hacia su destrucción".
El orador pausó, visiblemente dolorido por lo que acababa de decir. Los oyentes captaron el drama y la absoluta certeza de lo enunciado. Taras unos segundos retomó la palabra:
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| Tiempos críticos |
"Somos testigos de los grandes trastornos del mundo actual. Vemos las tensiones adueñarse de los países. Guerras e rumores agitan los estados de ánimo de los pueblos llevándolos al paroxismo extremo. Muy verdaderamente los acontecimientos nos angustian. Los Gobiernos movilizan sus ejércitos y los levantan en armas. Gran parte de la humanidad forja febrilmente los arados en espadas ante la inminente lucha. Tecnología de satélites respaldada por algoritmos de IA está lista para ofrecernos un loco escenario de explosiones y fuego abrasadores. Por tierra, mar y aire, la estupidez humana tiene urgencia por expresarse. Odios ancestrales, artificiosamente engendrados, desatarán su furia exterminadora ante el gemir de los hombres y los suspiros lastimeros del resto de la Creación. Una catastrófica alianza de naciones dará vida a las Bestias multipolares. Impalpables fuerzas las dirigen en su control totalitario del mundo. No hay posibilidad de ser neutrales. La propaganda bélica exaltará el orgullo patriótico. La mentira reinará como verdad, arrastrando a las desdichadas sociedades a los campos de batalla. Ondearán las banderas nacionales seguidas por enfervorizados regimientos en su imparable avance invasor. Los tiempos de los rumores llegarán a su fin dando comienzo las acciones bélicas . Las Bestias no retroceden; la guerra sí les interesa.
En el marasmo general las hostilidades se dan con inusitadas prisas. Los templos de la Gran Babilonia y sus hijas elevan plegarias pidiendo la pronta victoria sobre los enemigos en un frenesí de hipócrita santurronería e ímpetu religioso. Se ora por la divinización de la fuerza sobre cualquier otro derecho humano, que la ley del más fuerte someta al débil, que las garras de hierro impongan su voluntad. Desde los púlpitos voceros babilonios bendicen y exoneran los pecados criminales de lesa humanidad. Desaprobar la guerra no está en el consenso político aunque acongoje el corazón y el espíritu de los pueblos. La fe y sus valores se enfrentarán a una lucha sin cuartel. ".
El orador volvió a guardar silencio consciente del efecto abrumador de sus palabras. "¡Pero cobren ánimo! No se alarmen. Levanten sus cabezas erguidas y no desmayen sus almas. No estoy aquí para romper sus corazones. Les digo lo que el mundo no quiere oír. Aquí estoy con la garantía que nos da la fe, pues ni una tilde de que está escrito dejará de cumplirse en el tiempo señalado. Después que se abra el séptimo sello, hyan sonado las siete trompetas y sean derramadas las siete copas de la ira del Gran Espíritu Viviente y Creador de todo lo visible e invisible, con gran voz oiremos las Aleleyas de la salvación. Un clamor de alegría se levantará en los Cielos y en la Tierra por estas sentencias justas y verdaderas sobre un mundo malvado tan pervertido. No escaparán de ninguna manera. Y escrito está con certeza infalible: Los mansos heredarán la Tierra".
Dicho esto estalló en las gradas un tremendo aplauso que calló al orador por un instante. La emoción bañaba de lágrimas los rostros de todos los presentes. El orador, levantando la vista y las palmas a los Cielos susurraba en hebreo un pasaje de los salmos. Sentándose la multitud, sus oídos estaban prestos a escuchar el canto de aquellos labios. Por mi parte, segui taquigrafiando todo cuanto decía aquel hombre bautizado con fuego. Le llamaban el Siervo del Evangelio. Más de una hora fue arrojando luz sobre los textos escritos. Citó a Moisés, los profetas,m los salmos y los evangelios y el resto de la escritura hasta la Revelación. Dijo que la primeras guerras serán el principio de los dolores. Se pararán en breve tiempo tras un consenso global precipitado. Y se anunciará que todo está pacificado y seguro. Después de esta frágil paz consensuada los dolores de parto irían en aumento y la espada nuclear asolaría naciones adentrándonos raudos en el fin del fin. Pero al hombre no le dará tiempo de consumar su maldad extrema y destruir la Tierra. El juicio caerá sobre ellos: non escaparán de ninguna manera. Cosas nunca vistas y esperadas en todas las generaciones, las verá nuestra generación. Pronto habrá guerra en el Cielo y el Dragón y sus ángeles serán echados a la tierra.
En otro momento les escribiré sobre el acontecimiento más trastornador e convulso desde que el mundo es mundo. La Gran Serpiente colérica por su derrota y, sabiendo que le queda poco tiempo, tratará de destruir el planeta y toda la vida en él. Arrastrará en rebelión contra el inminente Reino de los Cielos a los gobiernos del Culto Global.
Antes será anunciado en todas las naciones el Besorat Olam, el Evangelio de siempre.
Shemá humanidad






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