Antes del 14 de febrero de 1990 nadie había visto nunca, en ninguna de las generaciones pasadas, la esfera azulada que es la habitación de los hijos de los hombres e de la vida natural en todas sus formas según sus géneros. Carl Sagan, que tanto nos enseñó sobre el Cosmos, hizo de aquella fotografía de un punto azul pálido una de las reflexiones más profundas sobre la pequeñez de la humanidad en el universo, una fina capa de polvo sobre la superficie de ese pixel de luz pálida llamado planeta Tierra, imperceptible desde el espacio. No se nos ve igual que si no existiéramos. Aún así, la altivez humana, desafía con su animalidad prehistórica, la frágil "Norma de la Creación" destruyendo la vida de las especies e la que más destruye desaforadamente es la de su mismo género e lo hace por delirios de poder e grandeza efímeros.
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Desde que el mundo es mundo el triste e cruel espectáculo de la guerra es el que escribe la historia con mares de sangre. La espada es el eje sobre el que giramos, nuestro centro de gravedad, que nos atrae a la muerte sin consideraciones de sexo ni edad. Derramar sangre es un concepto revolucionario para unos, progreso e ciencia para otros. El siglo XXI nos la ofrece igual que un videojuego haciendo de la razón de la sinrazón nuestra razón de ser, sin una protesta, normalizando el horror. Así durante milenios marchamos a remolque del carro de la guerra batalla tras batalla, vertiendo torrentes de sangre por causas e intereses de los gobernantes pero nunca de sus pueblos. La fuerza se diviniza como origen de todo derecho, consagrarse a la guerra para algunas ideologías políticas o religiosas es lo más parecido a un estado de perfección, el culto al exterminio se considera un regalo de Dios, "mátalos a todos" es el mandamiento más obedecido por las leyes de la barbarie. Agora mismo, en este punto azul pálido, las guerras e rumores de guerras, nos aturden con sus gritos de belicosidad salvaje, llamando a la escalada de los conflictos bélicos.
¿Quién representa hoy el derecho a la vida tanto para el débil como el fuerte? ¡Ni siquiera se respeta la vida en los vientres de las madres cada año millones de inocentes son abortados en la cruenta guerra contra el non nacido! La justicia ya non es señora del mundo, los adelantos materiales ya non son acompañados del progreso espiritual, sin el cual el desarrollo material o avances de la ciencia nos hacen caer en la justificación de la barbarie sabia.

Ante el panorama internacional con las tensiones crecientes, la militarización acelerada, la forja de las espadas en arados a toda prisa, la reflexión de Carl Sagan, es un grito a la paz e la convivencia civilizada. El que tenga ojos para ver que vea e reflexione. 👇
La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de un rincón de este pixel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Quizás no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido".
Guerras e rumores de guerras, aún non es el fin. La Biblia habla a hombres como nosotros en este punto azul pálido con señales proféticas. Shemá humanidad
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