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viernes, 25 de abril de 2025

Dal Wehawax, lámpara encendida







                             
Pierrot, lágrima blanca

     


 Me llamo Dal, Dal Wehawax, Flor de Lis. Me representa un Pierrot con dos trajes diferentes. El que ven en la foto de mi perfil llora una lágrima blanca. El otro llora una lágrima negra. Hace unos años encontré este pensamiento de Gilbert Keith Chesterton: "A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro". Por supuesto la foto de mi perfil me revela completamente lloro por el mundo. Todos las criaturas que pueblan esta bella esfera azul son sagradas para mí. E considero a las personas el más fabuloso espectáculo de la creación. Las que deberían estar cuidando con un amor inmenso esta obra de la que tan satisfecho quedó el Abba de los Cielos. Sí, agora no lo parece pero somos una gran familia. ¡E tanto nos ha cegado Ha Satán que no lo vemos! Por eso no llevo impresa en mi mente ninguna marca política ni falta que me hace.Tampoco me hacen falta ritos religiosos ni acepto credos de hombres. Yehovah es mi pastor. Mi lámpara es el Cordero e su luz la que ilumina mi camino. Estoy a la expectativa del anuncio de las Buenas Nuevas, que son desde el principio de todas las edades, la verdadera doctrina del Padre, la única que acepto porque es del Padre e está investida de Su esencia e está inscrita en ella Su alma. La misma que mediante ángeles ha sido transmitida a todas las generaciones desde Adam.



Las Puras con sus lámparas encendidas


    Es curioso que hace 15 años el calor me impeliera a ir tras la imagen que me representa, que fuera en medio de unas circunstancias excepcionales, el momento cumbre de mi vida hasta entonces. Mi lucha contra las potestades oscuras de este mundo, sus divinidades, los espíritus impuros.  En realidad las dos imágenes que me representan, aunque parecen distintas e cosas diferentes, son la misma representación. Después de la lucha contra los espíritus inmundos una fuerza me llevaba errante como buscando respuestas, algo e no sabía qué. E llegué al lugar preguntándome qué hacer. Mirando me sentí atraído a la feria, esas ferias ambulantes que en los primeros meses del nuevo año  suelen montarse en algunas de las calles o plazas de las ciudades, antes de la primavera e cuando el frío empieza a bostezar. Caminando entre los tenderetes los descubrí e, de inmediato mi corazón dio un respingo, los compré. Su simbolismo me atrapó sentí una representación misteriosa un enigma por descifrar.

Pierrot, lágrima negra por el mundo


En aquel entonces una cadena de sucesos consecutivos me llevaban de la mano a los sitios e lugares más trascendentales para mi tras la terrible lucha contra los gobernadores de las tinieblas, los espíritus impuros que tienen a la humanidad cautiva, en la prisión planetaria, en las lóbregas oscuridades de la ignorancia e la mentira. De manera inesperada, me vi envuelto en esa pelea de la que jamás hubiera podido salir vencedor de no ser por el calor que derramaron sobre mi. En un instante me armaron, una gran luz me sacó de la oscuridad de los pueblos, de los países en sombra, que como ciegos van palpando la pared, andando a tientas, como gente sin vista, tropezando en pleno día como si fuera el anochecer. Yo no pedí ese calor, vino sobre mi el calor vino sobre mi,  mientras combatía con mi propio espíritu, con mis propias fuerzas, con estas fuerzas rebeldes e adversarios del Anciano de Días.



El calor del Espíritu