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martes, 17 de marzo de 2020

EL PECADO DE SODOMA




El mundo bambolea estremecido por el coronavirus. La angustia de los pueblos aumenta como mar agitado en creciente oleaje. ¿Qué está pasando? ¿Qué es esa fiera vírica eso que vive en el microscópico coronavirus cargado de muerte? ¿Cómo ha viajado desde Wuhan una región de China infectando instantáneamente con su pestilencia destructora todos los Continentes? ¿Cómo es posible que un simple murciélago que está en la Tierra antes de la aparición del hombre sea el causante de transmitirnos la plaga desoladora? ¿Por qué no sucedió a nivel global antes de nuestros días? Murciélagos haberlos haylos desde antes de la fundación de las naciones. Laboratorios secretos con tales bacterias y virus no. Esos los ha construido el hombre.

La pandemia mundial, nunca vista ni televisada desde los albores de la humanidad, como la está presenciando la presente generación,  en vivo y en directo, es una alarma planetaria de la verdadera condición del hombre de la enfermedad que lo arrastra al caos y al conflicto permanente de su decadencia moral y espiritual. Creyéndose soberano de todo ha olvidado la Norma de la creación  ejerciendo su soberanía malvada sobre todo cuanto existe sobre todos los seres. Ya pasó lo mismo en otros tiempos históricos. Sociedades antiguas entraron por este mismo proceso de decadencia.

La fiera que vive. COVID-19

Sin mencionar la generación del gran Diluvio de todos es célebre la condición degradante a la que se rebajaron Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas. ¿Cuál fue el pecado de Sodoma? Escrito está en Ezequiel 16: 49-50:

"He aquí que la maldad de tu hermana Sodoma fue esta: soberbia, abundancia de pan, abundancia de ocio tuvieron tanto ella como sus hijas, y no amparó la mano del débil y necesitado. Y se llenaron de soberbia y cometieron abominación delante de Mi, y al ver lo que perpetraban, las eliminé."

El mayor pecado de Sodoma no fue la homosexualidad sino la aceptación social como norma de vida de lo que acaban de leer en el texto de Ezequiel y mencionan otros profetas hebreos bíblicos. Esas son las mismas cosas aceptadas globalmente, el mismo estilo de vida, que hoy se promueve por todos los gobiernos del mundo. ¡Con la misma soberbia se desprecia la Norma de la Creación y al Creador! El pecado capital de muchos gobernantes es pensar que por encima de su soberbia y su soberanía y de sus hojas de ruta para conformar la globalización no hay nada más y todas las naciones, grupo tribal o lengua sin importar el color de las razas, han de asumir estas disposiciones humanas. Es esta soberbia gubernamental, económica, tecnológica, científica, la alentadora de la supervivencia del más fuerte y mira para otro lado a la protección de los débiles pasando de largo. Lo estamos viendo con la pandemia funesta del coronavirus. Casi todos los gobiernos del planeta Tierra actúan ante ella con retraso, sin coordinación mundial, dejando a cada país al liderazgo de sus líderes guías ciegos de poblaciones cegadas. Colosales intereses son protegidos abandonando a su destino a los más vulnerables de la sociedad. La matanza del COVID-19 sobre nuestros ancianos por sus fulminantes consecuencias de muerte es algo inaudito que nos llena de pavor en tiempos de paz. Esta pandemia supera los horrores del 11S y sus estragos financieros amenazan con la bancarrota a las naciones y una sangría de vidas.

Los gritos de dolor llegan al Cielo. Si el pecado de Sodoma  sigue guiando al mundo terminará con idéntico juicio. Los ojos de Él nos miran. Felices son todos los que son contados entre aquellos que están luchando, a riesgo de sus propias vidas, para salvar a los demás. Felices los que nos dan el pan, pescadores, ganaderos, agricultores. Felices  los medios de distribución. ¡GRACIAS A TODOS!

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! 

Shalom para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.






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